Esta es una leyenda de mi pueblo de una puerta que se aparece en semana Santa. Les dejo una foto del lugar, donde se cree que se aparece la puerta. (No sé cómo poner la imagen, ¿alguien que me ayude?).

Espero les guste.

El día se debate moribundo ante los últimos rayos del sol, éste hace esfuerzos sobrehumanos por alcanzar con sus haces la faz de la sierra madre y cede poco a poco, no sin antes matizar de rojo el cielo, símbolo indeleble de su agonía. Las gallinas hace rato que han comenzado a cacarear y subirse a los palos más cercanos a dormir, algunas caen dos o tres veces antes de encontrar el mejor lugar, otras comparten la rama más delgada y temo por su vida, pues la rama a punto está de crujir, sin embargo, ellas cierran los ojos para no abrirlos hasta la siguiente luz.

A Genaro lo alcanza en el camino viejo y le vale madre la hermosura del ocaso. Va absorto en sus pensamientos, camina lento y desganado, como alguien a quien llevan a la fuerza a una cita donde le darán el veredicto de una enfermedad letal e incurable. El corazón hace contraste con sus pasos; va tan acelerado que incluso se le puede ver la camisa brincar. Llega al límite, la última casa. Duda antes de seguir, intenta dar un paso, pero una fuerza sobrenatural lo detiene en el aire, por un momento piensa en dar vuelta en un pie, pero hace un esfuerzo, da un empellón al miedo, desatiende a sus entrañas y le desgrana pasos al camino.

Unos metros adelante debe girar a la derecha. Aún no declina el día, pero apenas si puede ver. El camino está muy descuidado. Ya ha crecido la hierba y muchos huizachales y zarzas impiden el paso pacifico y desprenden a hurtadillas jirones del pantalón de manta y en ocasiones hasta un poco de piel. No se da cuenta que puede ver la maltrecha construcción si levanta la cara. Tampoco se da cuenta de qué lugares pisa. El camino lo ha embrujado y siente cómo sus pies reconocen la vereda que nunca han pisado.

Es el día indicado, el año indicado, la hora no, pero por aquello de las malditas dudas ha decidido llegar unas horas antes y no le importa esperar el tiempo que sea necesario, siempre y cuando el resultado sea el que él espera. Al llegar, el límite de la finca está cercado naturalmente por una gran variedad de plantas silvestres espinosas. Ya está muy lacerado, así que un poco más no será limitante a sus intenciones. Pasa penosamente y una espina se ha enterrado profundamente en su pierna; apenas libra el cerco se sienta en una piedra que le hace ver de frente a la puerta a la que alguien se atrevió a pintarle con cal “La puerta del Diablo”. Toma la espina con el dedo índice y el pulgar, jala aire, cuenta tres y de un tirón saca la espina dejando escapar un gemido.

Mientras espera, recuerda la noche en que se enteró de la historia, se había ido la luz y hacía buena noche para contar historias de espantos y apariciones. Lauro comenzó, por ser el más grande…

“El otro día escuché comentar a mi papá sobre la puerta del diablo, dicen que alguien la abrió”. Genaro pela tamaños ojos y se le enchina el pellejo, al ver los rostros de terror y satisfecho, Lauro prosigue: “El Viernes Santo de los años que terminan en seis, a la medianoche es posible ver la puerta del Diablo. Yendo a la secundaria viras a la izquierda por el camino viejo; nadie sabe el camino exacto, pero dicen que si vas con la intención de verla, solitos tus pies te llevan. Enllegando a la última casa, verás un camino bifurcado, tomarás el de la izquierda, que te llevará a la casona abandonada. A poco más o menos de un kilómetro verás la construcción terrenal y un letrero te indicará que has llegado. No es fácil llegar y muchos han desistido, apenas la divisan, por eso es recomendable ir con la vista gacha…”

Todos están muy atentos, Genaro traga saliva y siente un frío intenso, sabe que no podrá dormir en la noche y que sus oídos escucharán de más, pero no se puede quedar a media historia. “¿porqué alguien querría ver la puerta del diablo?” pregunta tímidamente. “Pues mira, a las doce de la noche aparece la verdadera puerta y el vigía sale por ella, cierra y te ofrece tres llaves de oro. Tú debes coger una, la que creas que es correcta. Esa te debe dar entrada a una casa llena de oro y podrás sacar lo que quieras, pero solo puede ser una vez la que entres, así que debes coger lo más que puedas. Una de las llaves incorrectas te hará ir irremediablemente al infierno, donde ya estará Satanás esperándote. Es la última llave la más aterradora, pues se cree que dejarás libre al perro guardián por seis días y créanme es mucho tiempo, pues la última vez acabó con un pueblo completo y empieza siempre con el que dejó abierta la puerta….”

Genaro tiembla de miedo, se le van las palabras y un hilito de orina se le escapa del pantalón, mueve la boca, pero no le salen las palabras. Decide que ya está demasiado asustado como para seguir con historias y se va a casa, sintiéndose acechado por un perro maldito. Oye un susurro y una mano le palmea el hombro, se levanta como de rayo y llega llorando a su cama, de donde no se levanta, sino hasta el siguiente día.

De pronto vuelve a la realidad y junta unos cuantos guijarros. La luna vigila en lo alto, una serpiente pasa contoneándose por el paraje, él no se mueve y ella no se da cuenta de su presencia, así como él no se da cuenta de que la puerta ha sido abierta y un hombre lleva en la bandeja tres llaves de oro. Hay una puerta con una chapa de plata, donde antes no había nada. Se levanta y se da cuenta de que otro hilillo de orín se le ha escapado, camina decidido y toma una llave. Está caliente y la deja, opta por una que está fría. El vigilante se aparta, Genaro camina pesadamente a la puerta, acerca la llave y la introduce, la gira suavemente a la izquierda, luego a la derecha. Un sonido le indica que puede empujar para abrir, mira al vigía y en esa horma sin rostro parece dibujarse una sonrisa. Empuja la puerta con sus dos manos y un olor repugnante le roba el aire, un resplandor le hace caer en cuclillas, siente que pierde el aire, las piernas se le doblan, le cascabelean los dientes, suda sangre, empuja con más fuerza, pero no siente que se mueva la puerta, las manos se le doblan y la mente huye y abandona al cuerpo…

…Un dolor en la pierna lo hace despertar, está aturdido y la cabeza le va a estallar. Puede ver refulgente a la mitad del cielo al astro rey, le punzan los dedos de las manos y al mirárselas, las tiene llenas de lodo, tiene un puño cerrado y al abrirlo, dos monedas de oro llenas de tierra asoman en su palma. Los bolsillos están llenos con más de ellas. La pared ha sido ultrajada y los espacios que ocupaban antes las monedas han sido invadidos de bichos. Se pone en pie y desanda el camino viejo.